14/08/2012

Cromañón: el antes y el después en la Ciudad, por Alicia Pierini

La Defensora del Pueblo de la Ciudad traza un balance de la Ciudad antes y después de la masacre de Cromañón, destacando que es poco lo que se ha aprendido y mejorado sobre todo en la erradicación de la cultura del “arreglo”, del amiguismo a la hora de designar funcionarios y el ánimo desenfrenado de lucro que aún predomina en parte del ambiente empresario.


Por Alicia Pierini, defensora del Pueblo de la CABA

A casi ocho años de esa noche trágica parecería que sólo los padres lloran, reclaman y resisten. La sociedad porteña no parece haber asumido cabalmente las corrupciones que confluyeron esa noche de diciembre 2004. El campo institucional más o menos, a pesar de que el incendio en el boliche República Cromañón evidenció -como nunca antes- la perversión de las reglas de juego del sistema.
Hay verdad en el grito de los padres “a los chicos los mató la corrupción”, por más que duela. Veamos por qué:

1. Antes de Cromañón, una inspección seguida de clausura era cosa de “mano dura”, es decir, no era “progre”. En lo real, la amenaza de clausura era la condición para subir el precio que costaría la no clausura. Esa es la cultura del “arreglo”. Sin esa cultura no existirían habilitaciones inviables, o verificaciones miopes. Se debiera haber aprovechado la conmoción de Cromañón para destituir a esa cultura, y no sólo a algunos funcionarios.

2. La voracidad empresarial: “A mí no me va a pasar, si juego al límite o abarato costos es para ganar más”. Esa “audacia” corrompe las reglas de juego y hace parecer que no existe un empresariado digno. Jugar a la ruleta rusa con la vida ajena, imaginando que el tiro no va a salir, es delito. La conducta de Omar Emir Chabán –aún penalizado- ha dejado poco aprendizaje en los empresarios de la noche, aunque sí algo de temor. Ahora toman más recaudos.

3. La inocencia de las víctimas por el sólo hecho de serlo no ayuda a ver que ellos sufrieron las consecuencias de los peligros que también ayudaron a crear, bajo una supuesta moda juvenil donde transgredir es la onda, sino sos careta.
Nadie les enseñó que la transgresión en democracia es positiva sólo cuando va por la superación del sistema, no cuando es de riesgo inútil. La cultura juvenil ha sido corrompida por intereses que necesitan al mundo joven como mercado de consumo y desenfreno. Los chicos y sus padres están más advertidos, por eso hay que recordarles Cromañón, para que no bajen la guardia.

4. La regla política del “reparto” de los espacios de gestión: así se entendía la participación plural en esos años. Se loteaban lugares de decisión, y confundían a la política con una agencia de colocaciones para adeptos, afiliados o parientes. Hoy hay menos loteo, pero la agencia de colocaciones...sigue colocando. “A Fulano/a le toca poner al Director o Directora de..” y ahí va una amiga, aunque sea maestra jardinera y no sepa nada del tema a gestionar. Esa corrupción de la democracia también fue parte del conjunto causal de esa noche trágica.

5. La corrupción policial: es la más histórica, obvia y archiconocida. Siempre fueron protagonistas máximos de la cultura del “arreglo”. Y con ese boliche, habían “arreglado” todo. Es una pena continuar sospechando que muy poco ha cambiado allí.

6. La imprevisión...puesto que Dios es argentino en materia de emergencias, SÍ HA CAMBIADO. Quizás sea el sistema de emergencias el que más ha aprendido del desastre de Cromañón. Aquél día no hubo conducción ni contención. En desorden, toda esa noche y días posteriores los padres peregrinaron buscando a sus hijos es el calvario más siniestro ocurrido durante la democracia. Actualmente el Sistema de Emergencias ha demostrado, en dos accidentes viales importantísimos: Flores y Once que tiene planes operativos, que se ejerció una conducción unificada sobre varias agencias estatales locales y federales y que en pocos minutos consiguieron ordenar el caos de una catástrofe y salvar vidas simplemente porque hubo planificación previa y capacidad técnica.

Todo esto –y aún más-, es memoria y reflexión sobre Cromañón para asumirlo desde toda la sociedad a casi ocho años de la tragedia. No fue por un accidente. Para “que no se repita” hay que asumir que la corrupción puede matar. Que las reglas de juego de la sociedad, el comercio y las instituciones deben ser dignas y sin trampas.

Si todo lo ocurrido después, los interminables juicios que frustran expectativas, la apertura de la calle o los homenajes a los chicos no sirvieran para modificar algunas conciencias y conductas, los padres tendrían razón en preferir seguir llorando solos. Sin embargo, creo que hay que seguir apostando a cambiar la historia en nuestra Ciudad. Y sumarnos para lograr que el “Que no se Repita” sea como un nuevo Nunca Más.

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