LA LUCHA POR LA LIBERACION EN UN ESCENARIO DE MASAS
Hoy, garantizar el consenso popular es interrogarse sobre las demandas populares, las iniciativas políticas y la organización militante que produzca un escenario de masas demoledor de los intereses de las corporaciones y las representaciones políticas que lo expresan. Encerrarnos en una dialéctica entre el hartazgo y los logros, no responde a las expectativas populares y al proyecto de país que queremos.
Por Feliciano “El Gallego” Fernández del Movimiento de Liberación Carlos Mugica.
La masividad y multiplicidad de ciudades como escenarios de protesta el 13 de septiembre nos demanda, al conjunto de los militantes, una profunda reflexión sobre sus determinaciones en el actual proceso histórico.
De poco sirve expresar la bronca dirigiendo sarcasmos hacia quienes participaron de este hecho, las declaraciones de la oposición política o la intervención en las sombras de los sectores dominantes.
Tampoco ayudamos demasiado a nuestro gobierno, diciéndole que lo apoyamos; certeza que no se origina en declamaciones, sino en actitudes militantes que consoliden el consenso popular hacia el liderazgo de Cristina.
Es imprescindible conceptualizar y dimensionar este hecho político del enemigo, para construir una respuesta popular contundente.
El relato del enemigo, y las imágenes elegidas, dan cuenta de una multiplicidad de reclamos, que cobijados en el llamado espontaneísmo, legitiman el protagonismo ciudadano, disimulando el odio de clase y el individualismo acérrimo del grueso de la movilización.
Si observamos detenidamente el relato y las imágenes, se aprecia que la construcción simbólica está dirigida a comunicar “hartazgo hacia el gobierno”. Aún cuando no se manifiesta explícitamente en el relato, se brinda la comunicación necesaria para que el receptor del mensaje, arribe a esta conclusión.
Concretamente, el escenario esta dirigido a traccionar y cooptar todo el descontento posible en los sectores populares y romper la hegemonía que hemos construido y se ha expresado en las urnas en la última elección.
La movilización, tiene como finalidad una disputa ideológica y de sentido en un escenario de masas, generando el suficiente potencial político, en la multiplicidad y generalidad de las demandas, las cuales sintetizan un hartazgo; de esta forma le confieren legitimidad a los relatos de expresiones sectoriales y políticas, que confrontan con el gobierno, para que procesen liderazgos en la síntesis alcanzada.
El hecho político no es fortuito, es el resultado de un diseño que opera constantemente sobre nuestras propias contradicciones; la herramienta visible es la comunicación masiva, pero no la única; programas como el de Lanata, noticieros propalando hechos de inseguridad y explicando cotidianamente las restricciones cambiarias, son los que proveen el dato empírico mediatizado, cuya finalidad es crear las condiciones de espontaneísmo en las redes sociales.
Detrás de la comunicación están los formadores de precios, que destruyen el poder adquisitivo de la moneda, dejando como único refugio de ahorro la moneda extranjera; donde la brecha cambiaria les permite multiplicar la rentabilidad en dólares y en fuga de capitales; las declaraciones de los Ratazzi o Rocca dan cuenta de ello, manifestando la ausencia de rumbo por intervención del estado en la economía.
Existe en la cúpula del poder económico un rechazo generalizado a la reforma del BCRA y la anulación por completo de la ley de Convertibilidad, situación que no pueden explicitar, porque pondrían en evidencia que desean un banco central que le garantice en moneda extranjera la acumulación de riqueza en pesos. O, dicho en términos económicos, que los argentinos produzcan en su economía el suficiente ahorro, o se endeuden, para que ellos remitan divisas al exterior.
El intento de instalar como determinación del proceso inflacionario la emisión monetaria y el desmanejo del Banco Central, es el modo en que expresan el rechazo a las medidas adoptadas por el gobierno; ya que es la cúpula del poder económico la que anticipa precios y la principal responsable de la inflación.
A todas luces es evidente que existe un diseño político del enemigo, donde plantea la disputa de consenso en un escenario de masas, tomando el hartazgo hacia el gobierno como consigna destinada a sumar el descontento de una buena parte de los sectores populares.
Este es un escenario mucho más peligroso que el del 2008. Ya no se trata de una demanda sectorial que puede sensibilizar al pueblo y a la cual se suben los liderazgos políticos de la oposición; es una expresión política en un escenario de masas, que le brinda legitimidad a los relatos de la oposición y que fragmenta el bloque hegemónico que hemos construido.
El diseño que nos brinda plena garantía para derrotar al enemigo, es un escenario de un millón de argentinos, movilizados desde sus intereses legítimos, respaldando una agenda de respuesta a las demandas populares y que avanza definitivamente sobre los intereses de las corporaciones. Sino contamos con un plan político de esta envergadura, la militancia quedará atrapada en un relato sin respuesta a las demandas populares y un sector importante empezará a identificarse con las expresiones de rechazo al gobierno y la legitimidad que gana en el escenario de masas.
Si no se logra una derrota rápida sobre el enemigo, corremos el riesgo de que las medidas de gobierno, aún cuando favorezcan al pueblo, tan solo sirvan como dato empírico al relato opositor sobre la finalidad personal o política, de las mismas.
Hoy, garantizar el consenso popular es interrogarse sobre las demandas populares, las iniciativas políticas y la organización militante, que produzca un escenario de masas demoledor de los intereses de las corporaciones y las representaciones políticas que lo expresan. Encerrarnos en una dialéctica entre el hartazgo y los logros, no responde a las expectativas populares y al proyecto de país que queremos y pone en riesgo el consenso que hemos alcanzado.
De poco sirve expresar la bronca dirigiendo sarcasmos hacia quienes participaron de este hecho, las declaraciones de la oposición política o la intervención en las sombras de los sectores dominantes.
Tampoco ayudamos demasiado a nuestro gobierno, diciéndole que lo apoyamos; certeza que no se origina en declamaciones, sino en actitudes militantes que consoliden el consenso popular hacia el liderazgo de Cristina.
Es imprescindible conceptualizar y dimensionar este hecho político del enemigo, para construir una respuesta popular contundente.
El relato del enemigo, y las imágenes elegidas, dan cuenta de una multiplicidad de reclamos, que cobijados en el llamado espontaneísmo, legitiman el protagonismo ciudadano, disimulando el odio de clase y el individualismo acérrimo del grueso de la movilización.
Si observamos detenidamente el relato y las imágenes, se aprecia que la construcción simbólica está dirigida a comunicar “hartazgo hacia el gobierno”. Aún cuando no se manifiesta explícitamente en el relato, se brinda la comunicación necesaria para que el receptor del mensaje, arribe a esta conclusión.
Concretamente, el escenario esta dirigido a traccionar y cooptar todo el descontento posible en los sectores populares y romper la hegemonía que hemos construido y se ha expresado en las urnas en la última elección.
La movilización, tiene como finalidad una disputa ideológica y de sentido en un escenario de masas, generando el suficiente potencial político, en la multiplicidad y generalidad de las demandas, las cuales sintetizan un hartazgo; de esta forma le confieren legitimidad a los relatos de expresiones sectoriales y políticas, que confrontan con el gobierno, para que procesen liderazgos en la síntesis alcanzada.
El hecho político no es fortuito, es el resultado de un diseño que opera constantemente sobre nuestras propias contradicciones; la herramienta visible es la comunicación masiva, pero no la única; programas como el de Lanata, noticieros propalando hechos de inseguridad y explicando cotidianamente las restricciones cambiarias, son los que proveen el dato empírico mediatizado, cuya finalidad es crear las condiciones de espontaneísmo en las redes sociales.
Detrás de la comunicación están los formadores de precios, que destruyen el poder adquisitivo de la moneda, dejando como único refugio de ahorro la moneda extranjera; donde la brecha cambiaria les permite multiplicar la rentabilidad en dólares y en fuga de capitales; las declaraciones de los Ratazzi o Rocca dan cuenta de ello, manifestando la ausencia de rumbo por intervención del estado en la economía.
Existe en la cúpula del poder económico un rechazo generalizado a la reforma del BCRA y la anulación por completo de la ley de Convertibilidad, situación que no pueden explicitar, porque pondrían en evidencia que desean un banco central que le garantice en moneda extranjera la acumulación de riqueza en pesos. O, dicho en términos económicos, que los argentinos produzcan en su economía el suficiente ahorro, o se endeuden, para que ellos remitan divisas al exterior.
El intento de instalar como determinación del proceso inflacionario la emisión monetaria y el desmanejo del Banco Central, es el modo en que expresan el rechazo a las medidas adoptadas por el gobierno; ya que es la cúpula del poder económico la que anticipa precios y la principal responsable de la inflación.
A todas luces es evidente que existe un diseño político del enemigo, donde plantea la disputa de consenso en un escenario de masas, tomando el hartazgo hacia el gobierno como consigna destinada a sumar el descontento de una buena parte de los sectores populares.
Este es un escenario mucho más peligroso que el del 2008. Ya no se trata de una demanda sectorial que puede sensibilizar al pueblo y a la cual se suben los liderazgos políticos de la oposición; es una expresión política en un escenario de masas, que le brinda legitimidad a los relatos de la oposición y que fragmenta el bloque hegemónico que hemos construido.
El diseño que nos brinda plena garantía para derrotar al enemigo, es un escenario de un millón de argentinos, movilizados desde sus intereses legítimos, respaldando una agenda de respuesta a las demandas populares y que avanza definitivamente sobre los intereses de las corporaciones. Sino contamos con un plan político de esta envergadura, la militancia quedará atrapada en un relato sin respuesta a las demandas populares y un sector importante empezará a identificarse con las expresiones de rechazo al gobierno y la legitimidad que gana en el escenario de masas.
Si no se logra una derrota rápida sobre el enemigo, corremos el riesgo de que las medidas de gobierno, aún cuando favorezcan al pueblo, tan solo sirvan como dato empírico al relato opositor sobre la finalidad personal o política, de las mismas.
Hoy, garantizar el consenso popular es interrogarse sobre las demandas populares, las iniciativas políticas y la organización militante, que produzca un escenario de masas demoledor de los intereses de las corporaciones y las representaciones políticas que lo expresan. Encerrarnos en una dialéctica entre el hartazgo y los logros, no responde a las expectativas populares y al proyecto de país que queremos y pone en riesgo el consenso que hemos alcanzado.
VISIONES SOBRE EL 13-S II: UN MODELO AGOTADO
El creciente descontento social con el gobierno tuvo una masiva expresión en la manifestación del jueves 13/09. Hacer una lectura apresurada no dejaría distinguir que, más allá de la heterogeneidad y la presencia de sectores reaccionarios, lo que subyace es un modelo agotado que no da respuesta a los problemas reales del pueblo.
* Por Vilma Ripoll Dirigente Nacional del MST
Las masivas movilizaciones del jueves 13/9 en Plaza de Mayo y muchos de los principales centros urbanos del país, significaron una importante demostración de sectores medios de la población que han expresado un profundo y justo descontento con el gobierno. Decenas de miles de personas se volcaron a las calles en una demostración que canalizó la bronca de amplias franjas de la población, cuestionando distintos aspectos del modelo y la representatividad política de este gobierno y sus intentos reeleccionistas.
Esto es así, más allá de las contradicciones por su heterogeneidad, la presencia de sectores acomodados y hasta algunos reaccionarios y la utilización oportunista de dirigentes y sectores políticos de los viejos partidos del sistema.
Estas movilizaciones generaron una amplia simpatía porque vienen a sumarse a un creciente clima de descontento social que tiene a los trabajadores como actor fundamental y también a los sectores populares. Luchas por el salario y contra las medidas de ajuste recorren el país y muestran la profundidad del impacto de la crisis internacional en nuestro país y del fracaso del modelo kirchnerista, que pretende hacernos pagar la crisis a los de abajo.
El autoritarismo, los anuncios en cadena de un país irreal y la bronca generada por la represión y la criminalización a las luchas de los trabajadores y populares como en Córdoba, Salta y recientemente en la Panamericana, aumentan el clima de rechazo a un gobierno que, lejos de solucionar los graves problemas estructurales como la inflación, el transporte, la inseguridad y la pobreza, fomenta los impuestazos, aumentos en las tarifas y medidas de ajuste a los bolsillos populares y de los sectores medios. Mientras favorecen a los banqueros, terratenientes y grandes empresarios, crece la corrupción en las filas del gobierno que hablan de “lo popular” mientras sus fortunas aumentan y viven en el lujo de Puerto Madero.
El plan de re-reelección presidencial fue la gota que rebasó el vaso. Ha generado un salto en la bronca de la población, que ha percibido que la presidenta y los que la acompañan, pretenden perpetuarse en el poder. El año pasado ya lo hicieron con la reforma electoral y las internas abiertas y obligatorias; ahora quieren imponer una reforma constitucional a espaldas del pueblo para que Cristina pueda ser electa nuevamente. La re reelección ha quedado profundamente cuestionada.
No llama la atención que los funcionarios más obsecuentes y los medios más sesgados al servicio del oficialismo hayan salido a negar una realidad que, incluso algunos de los que aún militan en sus filas tienen que empezar a reconocer. Lo hacen ahora con estas movilizaciones resaltando sus contradicciones, pero también lo hacen con las luchas de los trabajadores, como cuando Cristina atacó a los docentes, a los trabajadores del transporte o a los vecinos que reclaman.
Lamentablemente la posición de sectores de la izquierda sectaria que califican a la movilización como “de derecha”, una vez más termina siendo funcional al gobierno capitalista de los Kirchner.
Desde el MST decimos que este modelo no va más. Que tenemos que derrotar el plan de re reelección. Y redoblar los esfuerzos por hacer visible la alternativa política que estamos construyendo al servicio de los intereses de las grandes mayorías y enfrente las injusticias de los gobiernos de Cristina, Macri y los gobernadores del ajuste. La oposición reciclada de los viejos partidos, de los radicales, el peronismo federal, los Macri y los De Narváez no son solución; pretenden aprovechar el descontento con el gobierno K pero no son salida para el pueblo; siguen presentando propuestas por derecha al discurso oficial. El MST en el Movimiento Proyecto Sur, viene postulando una alternativa amplia de cambio real, por otro modelo de país al servicio de los trabajadores y el pueblo.
Esto es así, más allá de las contradicciones por su heterogeneidad, la presencia de sectores acomodados y hasta algunos reaccionarios y la utilización oportunista de dirigentes y sectores políticos de los viejos partidos del sistema.
Estas movilizaciones generaron una amplia simpatía porque vienen a sumarse a un creciente clima de descontento social que tiene a los trabajadores como actor fundamental y también a los sectores populares. Luchas por el salario y contra las medidas de ajuste recorren el país y muestran la profundidad del impacto de la crisis internacional en nuestro país y del fracaso del modelo kirchnerista, que pretende hacernos pagar la crisis a los de abajo.
El autoritarismo, los anuncios en cadena de un país irreal y la bronca generada por la represión y la criminalización a las luchas de los trabajadores y populares como en Córdoba, Salta y recientemente en la Panamericana, aumentan el clima de rechazo a un gobierno que, lejos de solucionar los graves problemas estructurales como la inflación, el transporte, la inseguridad y la pobreza, fomenta los impuestazos, aumentos en las tarifas y medidas de ajuste a los bolsillos populares y de los sectores medios. Mientras favorecen a los banqueros, terratenientes y grandes empresarios, crece la corrupción en las filas del gobierno que hablan de “lo popular” mientras sus fortunas aumentan y viven en el lujo de Puerto Madero.
El plan de re-reelección presidencial fue la gota que rebasó el vaso. Ha generado un salto en la bronca de la población, que ha percibido que la presidenta y los que la acompañan, pretenden perpetuarse en el poder. El año pasado ya lo hicieron con la reforma electoral y las internas abiertas y obligatorias; ahora quieren imponer una reforma constitucional a espaldas del pueblo para que Cristina pueda ser electa nuevamente. La re reelección ha quedado profundamente cuestionada.
No llama la atención que los funcionarios más obsecuentes y los medios más sesgados al servicio del oficialismo hayan salido a negar una realidad que, incluso algunos de los que aún militan en sus filas tienen que empezar a reconocer. Lo hacen ahora con estas movilizaciones resaltando sus contradicciones, pero también lo hacen con las luchas de los trabajadores, como cuando Cristina atacó a los docentes, a los trabajadores del transporte o a los vecinos que reclaman.
Lamentablemente la posición de sectores de la izquierda sectaria que califican a la movilización como “de derecha”, una vez más termina siendo funcional al gobierno capitalista de los Kirchner.
Desde el MST decimos que este modelo no va más. Que tenemos que derrotar el plan de re reelección. Y redoblar los esfuerzos por hacer visible la alternativa política que estamos construyendo al servicio de los intereses de las grandes mayorías y enfrente las injusticias de los gobiernos de Cristina, Macri y los gobernadores del ajuste. La oposición reciclada de los viejos partidos, de los radicales, el peronismo federal, los Macri y los De Narváez no son solución; pretenden aprovechar el descontento con el gobierno K pero no son salida para el pueblo; siguen presentando propuestas por derecha al discurso oficial. El MST en el Movimiento Proyecto Sur, viene postulando una alternativa amplia de cambio real, por otro modelo de país al servicio de los trabajadores y el pueblo.



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