Los grandes medios de comunicación españoles felicitan la "revolución" donde la espontaneidad es la virtud por excelencia. En lo que va del año, ha habido muchas más manifestaciones en Madrid que todo el año pasado (el del 15M). Sin embargo los jóvenes españoles tienden a ser volátiles e inconstante en cuanto a su formación política y disciplina organizativa pero paradójicamente lideran las movilizaciones.
Por Moisés Mato López, miembro fundador de la Plataforma "A desalambrar"
Tengo encima de la mesa un estudio que desgrana a golpe de estadísticas y encuestas los males de la juventud española. Rescato entre todos los datos uno que me he ido encontrando de forma reiterada, tanto en informes como en la propia experiencia vital. Estamos ante la juventud menos organizada de Europa y la menos perseverante en su pertenencia a algún tipo de asociación. Si acotamos el estudio a asociaciones de carácter social o político el panorama ya se vuelve desolador. Por otro lado el periódico de esta mañana me informa que, en lo que va del año, ha habido muchas más manifestaciones en Madrid que todo el año pasado (el del 15M) y que además se espera otroñ año caliente que amenaza con pulverizar el record de manifestaciones. Si juntamos estos dos datos obtenemos una conclusión muy evidente: La juventud española, protagonista indiscutible de las manifestaciones, tiende a ser volátil e inconstante en cuanto a su formación política y disciplina organizativa y, paradójicamente, se encumbra a las vanguardias de la movilización permanente. Cuando los medios de comunicación acuñaron la fórmula “Spanish Revolution”, pretendían popularizar una fórmula de enfrentarse al poder que a estos mismos medios de comunicación, siempre aliados con el poder, les resultaba simpática.
Siempre es sospechosa una "revolución" tan mediática, tan alentada por comentaristas, artistas, intelectuales y oportunistas que, manteniéndose en su status, dedican sus cinco minutos diarios a apoyar la indignación popular; Una "revolución" donde la espontaneidad es la virtud por excelencia. Se trata de lograr un cambio que la inmensa mayoría no ha preparado y que además lo quiere "todo y lo quiere ya", como rezaba una de las pancartas más populares, olvidando que las únicas revoluciones que merecen la pena son las que duran toda la vida. Un país como España, que ha roto los puentes con su propia tradición de lucha, que mayoritariamente desconoce las luchas de los empobrecidos en el mundo, que ha vivido una transición cómoda, que ha permitido instalar la corrupción y el burocratismo en la vida política y sindical sin la más mínima reacción, es un país que tiene el caldo de cultivo adecuado para que pueda surgir una reacción fácilmente instrumentalizable.
No cabe duda que es necesaria una reacción y a la vez estamos convencidos de que una respuesta adecuada nunca será fruto de la improvisación. Uno puede entender que es imprescindible la manifestación de la indignación como primer paso, pero no puede pasarse la antropología, la historia y el sentido común, cuestiones que evidencian que combatir un imperio tan salvaje como el actual requiere mucha formación, organización, planificación y un cambio de mentalidad permanente.
Dada la extensión que me permite este pequeño aporte, quiero centrarme en este último aspecto: el cambio de mentalidad. Cuando hace años asistíamos a grandes movilizaciones, nos encontrábamos con la euforia de los que parecían creerse que era verdad que "podemos cambiar todo". Pasados apenas unos meses, las mismas personas parecían decir: "no se puede hacer nada". Detrás de estas afirmaciones tan repetidas: el "podemos" con connotaciones absolutas, que lo mismo vale para animar al equipo de fútbol que para enfrentarse al gobierno, y el "no se puede hacer nada" tan repetido cuando no se consiguen los resultados esperados a corto plazo, nos impiden pronunciar el "se puede hacer algo" todos los días, de forma permanente, creciente, organizada, a largo plazo, implicando la profesión, la familia, las cualidades, para avanzar en la transformación que la realidad demanda.
Es importante combatir el sistema, pero es imprescindible combatirlo sin aceptar su filosofía. No podemos olvidar que ese sistema político tan depredador, que fabrica hambrientos en serie, desocupados en serie, o esclavos en serie, explotados en serie, también produce las universidades y los medios de comunicación y el consumismo que nos han formado. También produce las modas sociales y los discursos progres de rápido consumo que solemos repetir sin entender las consecuencias antropológicas y políticas que encierran en su trastienda. El gran reto es tener la lucidez de renunciar a los atajos y a las prisas y aceptar que hay que combatir las acciones de este sistema, y también la filosofía que la sostiene. Se trata, en primera instancia, de no convertirnos en una disidencia tolerada, que a largo plazo quede totalmente integrada.
No nos hemos cansado de repetir estos últimos años que hay algunas claves que todos podemos descubrir y que aclaran de forma vital lo que aquí pretendo expresar. La alegría de ver como aumentan los grupos que, al plantearse estas claves, modifican sus estrategias, me anima a seguir planteándolas:
1: Es necesario conocer la historia y las estrategias de los grupos de empobrecidos que han luchado y siguen luchando desde la no violencia por su liberación, sin aceptar las subvenciones declaradas o encubiertas que les ofrecen desde todo tipo de instancias.
2: Es necesario partir de principios éticos universales. Todas las grandes luchas de la humanidad han sido protagonizadas por personas que ya vivían en su vida cotidiana los principios que defendían en su lucha. Sin planteamientos morales de fondo, hechos vida, las componendas politiqueras que suceden a las pseudorrevoluciones son la moneda de cambio corriente.
3: Es necesario analizar de forma permanente la violencia estructural para detectar las causas de los grandes problemas de la humanidad y descubrir que hay causas comunes y que es a ellas a las que debe apuntar nuestra acción.
4: Es necesario partir de las necesidades de los últimos, de los que más sufren, que además son la mayoría. Si luchamos por ellos también luchamos por nosotros. Pero si sólo luchamos por lo nuestro no afrontaremos nunca la raíz de los problemas y ahondaremos la división entre los explotados.
5: Por último, aceptando que la lucha dura toda la vida, hay que estar dispuesto a organizarse en común para que sea posible.
La historia y el sentido común dice que desde esas claves es posible. Sólo hay un impedimento. ¿Queremos?
Siempre es sospechosa una "revolución" tan mediática, tan alentada por comentaristas, artistas, intelectuales y oportunistas que, manteniéndose en su status, dedican sus cinco minutos diarios a apoyar la indignación popular; Una "revolución" donde la espontaneidad es la virtud por excelencia. Se trata de lograr un cambio que la inmensa mayoría no ha preparado y que además lo quiere "todo y lo quiere ya", como rezaba una de las pancartas más populares, olvidando que las únicas revoluciones que merecen la pena son las que duran toda la vida. Un país como España, que ha roto los puentes con su propia tradición de lucha, que mayoritariamente desconoce las luchas de los empobrecidos en el mundo, que ha vivido una transición cómoda, que ha permitido instalar la corrupción y el burocratismo en la vida política y sindical sin la más mínima reacción, es un país que tiene el caldo de cultivo adecuado para que pueda surgir una reacción fácilmente instrumentalizable.
No cabe duda que es necesaria una reacción y a la vez estamos convencidos de que una respuesta adecuada nunca será fruto de la improvisación. Uno puede entender que es imprescindible la manifestación de la indignación como primer paso, pero no puede pasarse la antropología, la historia y el sentido común, cuestiones que evidencian que combatir un imperio tan salvaje como el actual requiere mucha formación, organización, planificación y un cambio de mentalidad permanente.
Dada la extensión que me permite este pequeño aporte, quiero centrarme en este último aspecto: el cambio de mentalidad. Cuando hace años asistíamos a grandes movilizaciones, nos encontrábamos con la euforia de los que parecían creerse que era verdad que "podemos cambiar todo". Pasados apenas unos meses, las mismas personas parecían decir: "no se puede hacer nada". Detrás de estas afirmaciones tan repetidas: el "podemos" con connotaciones absolutas, que lo mismo vale para animar al equipo de fútbol que para enfrentarse al gobierno, y el "no se puede hacer nada" tan repetido cuando no se consiguen los resultados esperados a corto plazo, nos impiden pronunciar el "se puede hacer algo" todos los días, de forma permanente, creciente, organizada, a largo plazo, implicando la profesión, la familia, las cualidades, para avanzar en la transformación que la realidad demanda.
Es importante combatir el sistema, pero es imprescindible combatirlo sin aceptar su filosofía. No podemos olvidar que ese sistema político tan depredador, que fabrica hambrientos en serie, desocupados en serie, o esclavos en serie, explotados en serie, también produce las universidades y los medios de comunicación y el consumismo que nos han formado. También produce las modas sociales y los discursos progres de rápido consumo que solemos repetir sin entender las consecuencias antropológicas y políticas que encierran en su trastienda. El gran reto es tener la lucidez de renunciar a los atajos y a las prisas y aceptar que hay que combatir las acciones de este sistema, y también la filosofía que la sostiene. Se trata, en primera instancia, de no convertirnos en una disidencia tolerada, que a largo plazo quede totalmente integrada.
No nos hemos cansado de repetir estos últimos años que hay algunas claves que todos podemos descubrir y que aclaran de forma vital lo que aquí pretendo expresar. La alegría de ver como aumentan los grupos que, al plantearse estas claves, modifican sus estrategias, me anima a seguir planteándolas:
1: Es necesario conocer la historia y las estrategias de los grupos de empobrecidos que han luchado y siguen luchando desde la no violencia por su liberación, sin aceptar las subvenciones declaradas o encubiertas que les ofrecen desde todo tipo de instancias.
2: Es necesario partir de principios éticos universales. Todas las grandes luchas de la humanidad han sido protagonizadas por personas que ya vivían en su vida cotidiana los principios que defendían en su lucha. Sin planteamientos morales de fondo, hechos vida, las componendas politiqueras que suceden a las pseudorrevoluciones son la moneda de cambio corriente.
3: Es necesario analizar de forma permanente la violencia estructural para detectar las causas de los grandes problemas de la humanidad y descubrir que hay causas comunes y que es a ellas a las que debe apuntar nuestra acción.
4: Es necesario partir de las necesidades de los últimos, de los que más sufren, que además son la mayoría. Si luchamos por ellos también luchamos por nosotros. Pero si sólo luchamos por lo nuestro no afrontaremos nunca la raíz de los problemas y ahondaremos la división entre los explotados.
5: Por último, aceptando que la lucha dura toda la vida, hay que estar dispuesto a organizarse en común para que sea posible.
La historia y el sentido común dice que desde esas claves es posible. Sólo hay un impedimento. ¿Queremos?


3 comentarios:
Ninguno de los partidos políticos actuales está legitimado para la representación de la sociedad civil española. Tiene que ser la SCE la que presione, mediante su “visualización permanente del estado del malestar”, la que adquiera la soberanía de la nación; que nunca, a lo largo de la historia-(posiblemente exceptuando el trienio Liberal 1.820 a 1823)- ha tenido. A falta de mejor propuesta … empecemos por analizar; como medida de choque inmediata … La propuesta de mínimos a la sociedad civil española http://bit.ly/kDjC5L que se podría conseguir mediante la acción de la “visualización permanente del estado del malestar” http://bit.ly/R9w4xv
Solamente cuando los españoles nos liberemos de los lastres de nuestro pasado y de la disconformidad con nosotros mismos como pueblo, asumiremos la necesidad de regular nuestras inevitables relaciones mediante unas instituciones racionalmente diseñadas, conforme a un ideal universal de justicia. Seríamos la primera nación europea en hacerlo y un ejemplo para el mundo. Y la República Constitucional-( http://registro_mcrc.blogia.com )- es la receta para conseguirlo. En nada necesita amoldar la historia, pues es inédita, sencillamente se basa en el conocimiento del porqué de los hechos y su previsión. No miréis el pelo de quien lo diseñó o de quienes ya la apoyamos. Sencillamente, contemplad en qué no podría desearse –( http://republicaconstitucional.wordpress.com/page/2/ )- la Libertad política y quiénes habrían de temer por la separación de poderes…. ( Párrafo de AGTF)
Dirección corta del post http://bit.ly/Qb9OiG
BueníSsimo el artículo.
Me alegro de la valentía, claridad y radicalidad del artículo!!!
Ojalá sea leído, debatido y reflexionado en profundidad en España y en cualquier lugar donde se desee luchar.
Magnífica y oportuna la nota de Mato López. Críticas de ese orden (por supuesto, menos sólidas y estructuradas) le hice al movimiento gestado en la Argentina en el 2001.
Pero lo más notable es que acabo de terminar "La sociedad carnívora", de Marcuse, y me encuento en Mato López un eco traducido a España de las reflexiones que aquél hizo al calor del Mayo francés.
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