14/08/2012

La inseguridad del crimen organizado, por Gustavo Vera

Contrario a la hipótesis que suelen esgrimir muchos noticieros que la inseguridad obedece a escasa presencia policial o ausencia del Estado, la Alameda sostiene que la mafiosidad que corroe a las instituciones suele asociarse al delito y generar estruturas de crimen organizado y procesos de acumulación mafiosa de capital con graves consecuencias para la población y pavoroso enriquecimiento ilícito de unos pocos. El análisis y balance de la experiencia de la Alameda en los barrios en la lucha contra las mafias.


Por Gustavo Vera. Maestro y titular de la Fundación Alameda


Desde hace un año y medio la Alameda interviene en varios barrios de la Capital colaborando con numerosos grupos de vecinos preocupados por hechos de inseguridad. Junto a ellos elaboramos mapas del delito y denunciamos los ilícitos ante todas las autoridades nacionales y municipales competentes. De la lectura de los mapas elaborados por los vecinos, que van desde Recoleta a Liniers, desde Parque Avellaneda a Caballito, de Versalles a Palermo se deduce que la mayoría de los ilícitos se vinculan con núcleos delictivos que cuentan con alguna complacencia de funcionarios del Estado, sin la cual no podrían operar con la asiduidad y regularidad con que lo hacen. El desenmascaramiento del entramado mafioso que oculta la llamada «inseguridad», no solo pone nerviosos a funcionarios, sino que además ridiculiza el paradigma sobre la «inseguridad» que los grandes medios y la derecha tratan de instalar en la población.

El paradigma que los grandes noticieros y buena parte de la clase política nos tratan de vender es que el incremento de la inseguridad se debe a la ausencia del Estado , a la ausencia de presencia policial y a zonas liberadas por negligencia donde se cometen los delitos. La solución a estos males, siempre según ese paradigma, sería garantizar la presencia del Estado, la presencia policial y por ende, las consignas serían poner más cámaras, más alarmas, más armas, más policias, más patrulleros y más inspectores. En este paradigma del sistema subyace siempre latente la idea racista de que los delitos son cometidos generalmente por pobres o marginales y generalmente tienden a enfatizar el foco de los problemas en los inmigrantes, en los barrios carenciados, en mujeres en situación de prostitución, en los cartoneros, en los que toman viviendas por necesidad, en los jóvenes pobres que son adictos o se emborrachan en alguna esquina, etc. Los cultores de este paradigma derechista nos repiten una y otra vez que aumentando la presencia policial y los patrulleros y aplicando «mano dura» a toda esta gente finalmente habrá más seguridad.Todo este paradigma además de falso y no solucionar ningún problema de fondo, es profundamente racista y el único efecto práctico que genera es la criminalización de la pobreza y el ensanchamiento del aparato estatal que habitualmente convive con y es socio de las mafias.

La Alameda parte de un paradigma exactamente opuesto: no hay inseguridad porque hay ausencia del Estado o policial, sino exactamente al revés. Hay inseguridad porque la policia y en alguna medida la justicia, los inspectores, los punteros y hasta funcionarios judiciales tienen completo control de la calle y solo permiten aquellos negocios delictivos que les permiten obtener dividendos mediante la coima o la participación directa dentro del entramado mafioso. Por lo tanto no pedimos más policias, más cámaras, más armas, sino que pedimos purgas y más purgas de todos los elementos mafiosos que forman parte del aparato del Estado a fin de que ese Estado sirva para proteger a los ciudadanos y no a las mafias de las que ahora se alimenta. Los mapas del delito confeccionados por los propios vecinos en los barrios revelan abundante cantidad de prostibulos que explotan mujeres y niños y distribuyen cocaina sea bajo la forma de falsas habilitaciones de seudo wiskerías o de privados, talleres clandestinos que esclavizan migrantes y funcionan en base a la coima, falsos talleres mecánimos y desarmaderos donde se concentra el robo de autopartes, kioskos, peluquerías o falsos locales comerciales que en realidad son puntos de venta de droga, punteros que explotan gente en situación de calle y que a su vez reportan económicamente a inspectores o comisarios del barrio, falsas habilitaciones que se consiguen a cambio de coimas, desalojos rápidos y violentos a pobres que necesitan realmente viviendas, pero complacencia con aguantaderos que tienen arreglos con la policia, etc.

El foco de nuestra lucha esta puesto en enfrentar la acumulacion mafiosa de capital de la que se valen muchos politicos, jueces, policias y funcionarios de la mano de acciones delictivas. Los prostibulos, desarmaderos, puntos de venta de droga, aguantaderos son algunos de los tantos negocios de los que lucran desde el Estado. Se les permite que funcionen en la medida que la policia y otros funcionarios tengan participación en las ganancias que luego se reciclan en misteriosas off shore, fideicomisos y demás artilugios, siempre con la venía de la Inspección General de Justicia. La mayoría de las marcas de ropa que denunció la Alameda ante la justicia no pueden explicar el origen de su capital, lo mismo ocurre con muchas empresas constructoras y con muchos nuevos ricos que hoy almuerzan en Puerto Madero pero no pueden acreditar el súbito enriquecimiento que han tenido.

El escándaloso proceso de acumulación mafiosa de capital está a ojos vista de quien quiera verlo. En la Argentina solo hay un condenado por lavado de dinero, un carnicero cordobés, mientras tenemos como mínimo medio millón de personas esclavizadas en campos y talleres, más de sesenta mil mujeres explotadas sexualmente en prostíbulos y un crecimiento del transito, comercialización y distribución de cocaína al punto que nuestro país encabeza en latinoamérica el mayor consumo per capita (2,6 % comparado con el promedio de 1 % en latinoamérica). Esto sin contar la corrupción y malversación de fondos públicos por los cuales hay abiertas cientos de causas en los juzgados y que se refleja en el pavoroso enriquecimiento patrimonial de funcionarios nacionales y municipales. Esa enorme masa de dinero que se genera en esta suerte de economía ilegal luego es pasada mágicamente a la economía formal, lavado mediante, y asi tenemos la conformación de una nueva clase empresaria de origen mafioso. Y en ese proceso de acumulación mafiosa está la clave para entender el incremento de hechos de inseguridad.

Cuando los vecinos protestan por algún hecho de inseguridad, tienden a inclinarse inicialmente por el paradigna trucho que desde los grandes medios se les pretende inculcar y equivocadamente creen que la solución es más presencia policial. Pero cuando esos mismos vecinos hacen la experiencia de confeccionar el mapa del delito de su barrio, presentarlo en todos los organismos y exigirle a los funcionarios competentes que desmantelen los núcleos delictivos; cuando comienzan a advertir con sus propios ojos como estos se desviven en excusas para no hacer nada, o directamente los ningunean, van comprendiendo que hay un entramado mafioso amparado desde el Estado que viene a ser la madre de todas las inseguridades. Y caen en la cuenta que es tal el grado de presencia mafiosa del estado en los barrios que cuando se esclarece un delito es porque los que robaban no tenían pactos con la policia o funcionarios o a quien arreglar, o porque el escándalo fue tan grande y se les fue tanto las manos, que no les queda más remedio que limpiar a algún perejil.

Cuando los vecinos empiezan a estudiar detenidamente los delitos de su barrio comienza a caerse el paradigna trucho de la «inseguridad» que se ventila en la mayoría de los noticieros y se dan cuenta que los prostíbulos en su mayoría además de esclavizar mujeres, son foco de distribución de cocaína e incluso guaridas donde se planifican robos (un caso reciente fue el de la banda que saqueaba departamentos vacios los fines de semana en Recoleta y Belgrano y que solía reunirse todas las noches en el narcoprostíbulo de Madahos), advierten que a los desarmaderos disfrazados a veces de talleres mecánicos, van y vienen las bandas que roban autopartes con la connivencia policial, que varios locales con aparente habilitación como comercio, son puntos de distribución de droga y que la presencia mafiosa del Estado se extiende incluso por las calles esquilmando al vendedor ambulante necesitado, al cartonero no organizado, a los pibes de la calle, a la mujer en situación de prostitución y a todo excluído que desesperadamente trata de ganarse el pan, quienes invariablemente deben aportar parte de su explotación al imperio de la coima.

Desde la Alameda sostenemos que el incremento en los niveles de inseguridad está intimamente relacionado con el proceso de acumulación mafiosa del capital; que la mafiosidad que corroe al Estado lo atraviesa transversalmente y que involucra tanto a sectores del oficialismo como de la oposición en funciones ejecutivas; y que no se puede reducir el nivel de delito sin dar también en este campo una lucha despiadada contra las mafias.

La solución entonces no puede ser más policias, cámaras o alarmas, sino la exigencia de amplias purgas de los funcionarios corruptos del Estado y políticas públicas para rescatar y contener a los excluídos que muchas veces quedan a merced de la manipulación de estas bandas. La incautación y reutilización social de los bienes de la mafia es el reclamo más urgente para quebrar las redes de crimen organizado. Esto permite no solamente comenzar a desmantelar la base económica de los mismos, sino además contar con bienes y presupuesto efectivo para reinsertar en términos dignos a los excluídos y las victimas de trata. Asi se hace en Italia y ahora en Brasil. Incautación de máquinas textiles para formar Polos Textiles que como el de Barracas , puedan reinsertar a los costureros antes esclavizados en cooperativas, expropiación sin pago de los locales y departamentos que hacen de narcoprostíbulos y su reutilización social o venta para crear centros de atención a los adictos, viviendas para los más necesitados, asistencia a las victimas de estos flagelos. Si se persigue decididamente a las mafias desde sus guaridas más visibles hasta las oscuras sociedades off shore donde lavan los activos del delito se recuperarán miles de millones de pesos que podrían perfectamente servir para solucionar problemas de pobreza y exclusión y de paso quebrar el espinazo de la mafia. Asi también se reducirán significativamente los niveles de inseguridad.

Pero para que ese reclamo se convierta en política pública, es necesario el despertar y movilización de la población para imponerlo porque lamentablemente parte de la coorporación política suele financiar campañas con activos provenientes del crimen organizado. Los popes de la Salada, que basan su producción en la esclavización de cientos de miles de costureros en veinte mil talleres clandestinos, suelen jactarse de aportar no sólo a la bonaerense, sino también a las campañas del oficialismo y de parte de la oposición. Lo mismo puede decirse de varias cadenas de prostíbulos, carteles de droga, desarmaderos, etc. La foto de Macri en el prostíbulo de Cancún de Raúl Martins, los costureros esclavizados en los talleres de la familia Awada, los autos contrabandeados por la agencia Machines que regentea el ex secretario presidencial Fabian Gutierrez, la integración del dueño del narcoprostíbulo Black en la primer delegación oficial que fue a Angola junto a los jefes de la Salada, los prostíbulos que funcionaban en departamentos de un juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y regenteados por una madame y un comisario, son evidencias de que la mafiosidad que atraviesa a las instituciones llega a los niveles más altos del Estado. Y esa mafiosidad, esa acumulación delictiva de de capital es lo que una y otra vez hace aumentar los niveles de inseguridad.

Los beneficiados de la acumulación mafiosa de capital, la flamante «burguesia nacional» del modelo, los que no pueden explicar su enriquecimiento, ni el origen del capital de sus empresas, suelen recurrir a la clásica cartilla infantil con se suele engañar a la población desde que el capitalismo es ley: «En tiempos muy remotos - se nos dice - habia de una parte, una minoría trabajadora, inteligentes y sobre todo ahorrativa, y de la otra un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más..asi se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pellejo. De este pecado original arranca la probreza de la gran mayoría, que todavia hoy a pesar de lo mucho que trabajan, no tienen nada que vender más que sus personas y la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer , aunque haga ya muchisimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar, tan pronto como se plantea el problema de la propiedad se convierte en un deber sacrosanto abrazar el punto de vista de la cartilla infantil, como el único que cuadra a todas las edades y todos los períodos. Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato, la violencia, en una palabra. En la dulce economía política, por el contrario, siempre ha reinado el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento "la ley y el trabajo", exceptuando naturalmente "el año en curso". Pero, en la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos "idílicos" (El Capital, Carlos Marx, cap Acumulación Originaria).No hace falta ir tan lejos, ni circunscribierse a una sola concepción del mundo. Lo denunció el cardenal Bergoglio el año pasado en una de sus últimas homilias públicas contra la trata cuando denuncio que en la ciudad reinaba la cultura de las coimas, la exclusión y el volquete y que "muchos esclavistas almuerzan hoy en Puerto Madero", aunque estén prolijamente trajeados y en apariencia nada haga sospechar que tienen alguna vinculación con el incremento de la inseguridad callejera.

2 comentarios:

Más claro imposible, y en la provincia de Buenos Aires también sucede como en la Capital federal, y se puede dar dirección con número de calle y todo, por ejemplo en el partido de san Martín hay lugares que el propio narcotráfico asegura la seguridad para que los clientes puedan ir a comprar tranquilos y no les roben, todo el barrio sabe claramente donde se vende la droga,TODOS, hasta los más chicos, y obviamente la policía, se pueden hacer un mapa claro, obviamente el intendente o los allegados a él no pueden dejar de saber, pero algo para: que deja plata, y a la hora de culpar al alguien siempre es el pobre perejil, y los gobernadores y los intendentes miran o le conviene mirar para otro lado y los que van presos son los que no tienen 10 o 15 lucas (10 mil pesos o más) para arregalr con los comisarios o sino con el juez: conclusión final: va preso el pobre perejil y se enriquecen los que más tienen: políticos de turno, comisarios, empresarios, jueces, no metamos a todos en la misma bolsa pero si pasa el tiempo y no tanto solo unos dos s tres meses y los pollíticos (intendentes, diputados, senadores) no denuncian, no investigan y jueces que tiene los determinados lugares y especialidades no actúan, no investigan y comisarios y jefes de calle de alto rango no actúan y no denuncian ya, obviamente están en el negocio y hay que sacarlso por incompetentes o ciegos. Entonces no hace falta ser un gran investigador y intelectual sino un simple observador de la realidad, mirar y percibir lo nos está pasando como sociedad. Y lo que nos está pasando es que estos tipos y los medios de difusíón y politicos tanto de la oposición como del gobierno nos están mientiendo, nos están jugando con nuestra seguridad, nos están burlando de nuestra distracción y en definitiva nos están sacando toda nuestra dignidad y así nos están sacando y robando la vida, nos matan. Gracias Alameda por darme una esperanza, por saber que hay quienes se juegan por una sociedad mejor, por un mundo posible, por dar esos primeros paso que son los más difíciles. Gracias. Daniel Sabino

Lo de la policia de Santa Fe, corrobora lo planteado en este brillante articulo. Lo de Santa Fe, en mayor o menor medida sucede en todas las provincias.

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