El lavado de dinero de las mafias encuentra a menudo un singular disfraz para sus tropelías en las sociedades off shore y los fideicomisos que la Inspección General de Justicia no fiscaliza, pese a tener la obligación de hacerlo. El fantasma impune de Cromañón acecha a la vuelta de cualquier tragedia.
José Iglesias, abogado y referente de la Asociación Cívil Que No Se Repita
En la iconografía mitológica hay muchos monstruos que, entre sus aberraciones, cuentan con multiplicidades caras. La impunidad de nuestros días mejora esa imaginería. Sofisticadas estructuras jurídicas aseguran que lo más terrible se perpetre sin consecuencias.
En estas semanas, los medios informaron y replicaron sobre diversos artificios para asegurar la transferencia de jugadores de fútbol sin consecuencias tributarias. Sociedades pantallas o clubes de nombres pintorescos, sirviendo para disfrazar de “deportivo” lo que, en realidad, son infames negocios de triangulación.
En la góndola jurídica se exhiben numerosos productos para asegurar la irresponsabilidad, la inmunidad, laevasión y las distintas formas de evitar que a un resultado ilícito le sigan consecuencias jurídicas sancionatorias.
Las sociedades off shore, las sociedades extranjeras, las fundaciones extranjeras, los fideicomisos, las llamadas Organizaciones no gubernamentales, las fundaciones locales, las asociaciones civiles; incluso, determinadas actividades de las sociedades cooperativas o de las sociedades mutuales, pueden ser adecuado marco para eludir, evitar, inmunizar. Para no responder, en ningún ámbito del derecho.
Si esto ya es disvalioso, más grave aún es que esas construcciones funcionen impunemente en ámbitos que, por definición, deben estar sometidos al control estatal, por su funcionamiento.
Lo alarmante es que, aún existiendo muy sofisticadas estructuras estatales de fiscalización, legalmente destinadas a vigilar las actividades que se despliegan con esas vestiduras, nada lo controle. Al contrario, los disfraces son tratados como sujetos reales. Una sociedad off shore es respetada como una persona jurídica local, aún cuando desconocemos sus integrantes y sabemos que cualquier intento de demandarla, está destinado al fracaso. Un fideicomiso es una suerte de herramienta virtuosa, que no debe ser cuestionada ni limitada, pues se ahuyentaría la inversión. Sin embargo, ¿Cuántos fideicomisos hay detrás de los 23 derrumbes desde que se está “Haciendo Buenos Aires” y de sus 11 muertos y 58 lesionados? Y el fideicomiso es una estructura jurídica que limita la responsabilidad al fondo destinado a realizar la obra. En definitiva, muertes y lesiones, impunes, penal y patrimonialmente.
La inconsciencia y la desidia, suelen ser grandes aliados de la impunidad. Y en estos temas, ambos vicios reinan.
Cuando ocurrió Republica de Cromañón, nos beneficiamos de la actuación decidida de la Inspección General de Justicia, a cargo de Ricardo Nissen, que en el marco de una batalla personal contra las off shore, no consintió que también Cromañón fuera un efecto impune de esas figuras. Sin embargo, se fue Nissen, pasaron los juicios de Cromañón, y las off shore, las fundaciones, las asociaciones, las ONG, los fideicomisos mal empleados, reinan.
La noche de Buenos Aires, la trata de personas, el fútbol y muchas otras actividades, se amparan en esas vestiduras. Una ideología de gobierno y una justicia comercial acorde y cómplice, aplauden su éxito.
Es necesario pensar el tema, pero no como una exquisitez jurídica. Sino a través de una de las muchas caras que este monstruo tiene: la inseguridad. Una máscara jurídica es el mejor maquillaje para producir un resultadodañoso a la vida, sin consecuencias…
Cuando esto ocurre, el monstruo de Cromañón renace…
En estas semanas, los medios informaron y replicaron sobre diversos artificios para asegurar la transferencia de jugadores de fútbol sin consecuencias tributarias. Sociedades pantallas o clubes de nombres pintorescos, sirviendo para disfrazar de “deportivo” lo que, en realidad, son infames negocios de triangulación.
En la góndola jurídica se exhiben numerosos productos para asegurar la irresponsabilidad, la inmunidad, laevasión y las distintas formas de evitar que a un resultado ilícito le sigan consecuencias jurídicas sancionatorias.
Las sociedades off shore, las sociedades extranjeras, las fundaciones extranjeras, los fideicomisos, las llamadas Organizaciones no gubernamentales, las fundaciones locales, las asociaciones civiles; incluso, determinadas actividades de las sociedades cooperativas o de las sociedades mutuales, pueden ser adecuado marco para eludir, evitar, inmunizar. Para no responder, en ningún ámbito del derecho.
Si esto ya es disvalioso, más grave aún es que esas construcciones funcionen impunemente en ámbitos que, por definición, deben estar sometidos al control estatal, por su funcionamiento.
Lo alarmante es que, aún existiendo muy sofisticadas estructuras estatales de fiscalización, legalmente destinadas a vigilar las actividades que se despliegan con esas vestiduras, nada lo controle. Al contrario, los disfraces son tratados como sujetos reales. Una sociedad off shore es respetada como una persona jurídica local, aún cuando desconocemos sus integrantes y sabemos que cualquier intento de demandarla, está destinado al fracaso. Un fideicomiso es una suerte de herramienta virtuosa, que no debe ser cuestionada ni limitada, pues se ahuyentaría la inversión. Sin embargo, ¿Cuántos fideicomisos hay detrás de los 23 derrumbes desde que se está “Haciendo Buenos Aires” y de sus 11 muertos y 58 lesionados? Y el fideicomiso es una estructura jurídica que limita la responsabilidad al fondo destinado a realizar la obra. En definitiva, muertes y lesiones, impunes, penal y patrimonialmente.
La inconsciencia y la desidia, suelen ser grandes aliados de la impunidad. Y en estos temas, ambos vicios reinan.
Cuando ocurrió Republica de Cromañón, nos beneficiamos de la actuación decidida de la Inspección General de Justicia, a cargo de Ricardo Nissen, que en el marco de una batalla personal contra las off shore, no consintió que también Cromañón fuera un efecto impune de esas figuras. Sin embargo, se fue Nissen, pasaron los juicios de Cromañón, y las off shore, las fundaciones, las asociaciones, las ONG, los fideicomisos mal empleados, reinan.
La noche de Buenos Aires, la trata de personas, el fútbol y muchas otras actividades, se amparan en esas vestiduras. Una ideología de gobierno y una justicia comercial acorde y cómplice, aplauden su éxito.
Es necesario pensar el tema, pero no como una exquisitez jurídica. Sino a través de una de las muchas caras que este monstruo tiene: la inseguridad. Una máscara jurídica es el mejor maquillaje para producir un resultadodañoso a la vida, sin consecuencias…
Cuando esto ocurre, el monstruo de Cromañón renace…


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