14/10/2012

El Hombre de la Alcantarilla, por Julio César Ruiz


El robo de bebés en Santiago del Estero es un delito que involucra instituciones y funcionarios de todos los ámbitos. El aprovechamiento sistemático de las familias excluídas como eje de un negocio aberrante.




* por Julio César Ruiz, miembro de la Fundación Adoptar

Como techo… el asfalto y el calor de 48 grados de la siesta, de la ruta Nº 92 que le pasa por encima, en el sureste de la provincia de Santiago del Estero, en Argentina. Decidió ir a vivir en este lugar, a 50 m de un brazo del río Dulce, porque aprovechaba unas changuitas como guía de pescadores. “Hoy, casi nadie viene ya, parece que la gente ha perdido la costumbre de venir a pescar”.

El camión con acoplado cargado con piedras extraídas desde una cantera cercana pasa por sobre nuestras cabezas y estremece el lugar. José, sin inmutarse, apenas se sonríe de nuestro visible temor y sigue contando su triste historia, que lo obligó a utilizar la alcantarilla desde hace 13 años.

“Yo soy de Bordo Pampa, departamento Salavina. Ahí me junté con mi ex mujer y vivíamos en una casita que teníamos. En ese lugar me ganaba el día haciendo trabajitos de lo que podía.”


En esta localidad del departamento Salavina, y aunque no podía satisfacer la mayoría de sus necesidades básicas, José vivió con su ahora ex mujer muchos años de felicidad. Allí, tuve con ella una nena:…“la más linda del mundo”, afirma José, mientras algún recuerdo le humedece sus ojos.

Pero, la felicidad no duró mucho más. “En 1999, mi mujer se enfermó muy gravemente y de urgencia tuve que acompañarla a un hospital de Santiago del Estero y quedarme con ella”.

“El problema era que no teníamos con quién dejar a mi hijita, pero una de las enfermeras del hospital nos había dicho que la dejemos con ellos, que la iban a cuidar junto con las monjitas que asisten a los enfermos en ese lugar, hasta que nosotros regresáramos”.

“Mi mujer estuvo internada en el hospital como dos meses y luego regresamos. Cuando fuimos a reclamar nuestra bebé, nos dijeron que una jueza de la ciudad había ordenado retirarla y que la criatura no se podía devolver nunca más”.

Esperó unos minutos, miró pasar otro camión por el “techo” de su casa, y prosiguió su crudo relato: “Nos dijeron que no nos podían devolver a mi hija querida, y nunca más volvimos a saber de ella. Me cansé de recorrer las comisarías y de hablar a mucha gente, pero nunca nadie nos dio bolilla. Hasta nos trataban de mentirosos, que no podía ser verdad y cosas así”.

“Vivimos con mi señora un tiempo más en esa misma casita, pero, comenzamos a discutir todos los días. Ella siempre me culpaba que yo no hice nada para rescatar a mi hijita. Nos peleábamos todo el tiempo.

“No pudimos sostener más la situación, y como no tenía a dónde ir, me vine a vivir en este lugar. Ella por un tiempo quedó en la casita que era de los dos. Se ve que se sentía sola y una vez sin querer la vi que andaba mirando por esta ruta donde yo vivo. Con unas chapitas que me dieron, un día le hice un ranchito a 200 metros de acá. Ahora, aunque seguimos separados, parece que se siente más acompañada”. “Aquella casillita, que se ve con techo brilloso, es la que le construí, no sé si la alcanza a ver. Ella nunca me pudo perdonar. Cuando nos vemos nos saludamos pero siempre nos juntamos para buscar de qué vivir los dos”.


“Mi hija, cuando me la quitaron, tenía tan sólo 4 meses y nunca entendí porqué me mintieron que la iban a cuidar y terminaron por hacerla desaparecer. Nunca nadie me dio explicaciones de lo que ocurrió con mi bebé”.

La incertidumbre que sobrevenía con la enfermedad de su esposa, le instó a sacarse una fotografía con la pequeña, casi como una predicción, para tener al menos en aquel papel la compañía de su primera y única bebé que, con seguridad, dejaba en las manos caritativas que creía la iban a proteger.

Quedará tan sólo para el recuerdo de José y todos los que leemos esta nota, esa historia trágica del amor de un padre pobre, y un amor truncado, que nunca le pudo perdonar que se “haya dejado quitar su hija”, pero que se fue a vivir cerca, a metros de aquella alcantarilla, para estar cerca de José.

Al final de la conversación muy abatido y refiriéndose a cómo vive en ese lugar, José nos dijo: “A veces siento que no tengo fuerzas para seguir viviendo de esta manera…estoy muy dolorido de la columna y me cuesta mucho trabajar. A veces tomo un poco de frío, especialmente por la noches lluviosas, pero debo ser sincero: lo único que me molesta bastante son las ratas”.

Este es el registro fotográfico que quedó grabado y que nadie podrá borrar Arriba: José con su bebé en brazos minutos antes de no verla nunca más. Abajo: El mismo día, en ese mismo instante, José, perpetúa la imagen de la enfermera de la recomendación y de la monja María Isabel que le había prometido que la iba a cuidar.

Nota de la Fundación Adoptar

Cuando ingresaron nuestras denuncias penales sobre el particular, la enfermera nunca fue citada a declarar por el Dr. Alvaro Mansilla, Juez del Crimen de Añatuya, Santiago del Estero e inesperadamente, el Arzobispado de Añatuya, envía a la monja a España, al convento principal de las Hermanas Vicentinas. Cuando reiteramos que la citen a declarar, nos dijeron por la mirilla del convento que la monja, en España, había muerto de cáncer.

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