18/11/2012

Pueblo Q’om: La verdad como rumbo, por Nestor Elias


Basta ver a que condiciones de vida son sometidas las comunidades Q’om a manos del poder centralizado, para comprender que la conquista no terminó y el genocidio étnico se expresa diariamente en plena ejecución.




* por Néstor Elias periodista, escritor y militante de DDHH.

Algunas pinceladas sobre el antiguo Pueblo Q’om.

La zona del Gran Chaco, que comprende la región delimitada actualmente por las provincias de Chaco, Formosa, una parte del sudeste de Salta, una parte del noreste de Santiago del estero, buena parte del territorio boliviano de Tarija y Santa Cruz de la Sierra, sumado a un pequeño terruño del sudoeste brasileño y casi todo el Paraguay, fue habitada históricamente por la etnia de la familia lingüística Guaycurú, a la que pertenece el pueblo Q’om1 rebautizado Toba2 por los españoles, junto con los Pilagás Wichìs y Mocovíes.

Fue durante el reinado del Inca Tupac Yupanqui, que se produjeron algunos desplazamientos de los grupos aborígenes que habitaban la actual región del chaco argentino y de la Amazonia. Algunos de estos grupos fueron los Wichís, los Pilagás y por supuesto los Q’om.

Por esas épocas, los Q’om a pesar de ser un pueblo fuertemente pacífico, enfrentaron al conquistador con valentía y coraje procurando mantener sus costumbres y su cultura. En la vestimenta, en sus danzas y en su música se puede apreciar que han logrado mantener su tradición sin fusionarse con el patrón andino.

Otros pueblos llevados hacia el oriente fueron los Chiriguanos, Itonomas, Guarayos, Ayoreos, Sirionos, Otukis, Izozogs y Chamacanes. Muchos de ellos han desaparecido por completo.

Los miembros del pueblo Q’om, se destacaban por ser altos y algo robustos, solían tener tatuajes en la cara, las orejas deformadas por la perforación de pequeños tarugos y el cuerpo cubierto de grasa de animales. Cuando aparece en escena el caballo en esta parte de América, la comunidad Q’om se destaca por tener los mejores jinetes de la región y un exclusivo estilo para la doma que se caracteriza por el no castigo al animal.

La cultura Q’om ha reproducido sus valores y creencias a partir de la tradición oral. Sus creencias y costumbres fueron plasmadas en leyendas y mitos que nos permiten acercarnos a su cosmovisión.

El Pueblo Q’om es una sociedad basada en el sentido de la hermandad y en un ancestral respeto y obediencia a los mayores, a quienes se los denomina abuelos. Ellos representan la máxima autoridad en las familias y entre vecinos; y son claramente quienes guían y orientan las conductas de todos. Ellos presiden la fiesta más relevante de este maravilloso pueblo, (navogóh, en lengua q’om) la fiesta de la primavera. Sin su presencia no habría fiesta. Lo mismo sucede con otras celebraciones y ceremonias de la comunidad. Los abuelos son los encargados de transmitir a los jóvenes los conocimientos de la cultura: los valores terapéuticos de las plantas, los cánticos sanadores, las virtudes de diversas raíces, el uso de los instrumentos para la caza y la pesca (con los cuales preparan a los niños desde los nueve o diez años) y el uso de la palabra para subsanar cualquier desavenencia en el seno de la comunidad. Ellos son quienes dirigen las danzas festivas y testimonian los encuentros de una nueva pareja.

El pueblo Q’om es esencialmente un pueblo pacífico. En él no se registran históricamente asesinatos, violaciones u otros crímenes comunes existentes en el llamado “mundo civilizado”. Las familias nunca abandonan un niño y desde tiempos antiguos, tienen como conducta no golpearlos. El castigo físico nunca tuvo lugar en esta cultura para educar a los más pequeños.

Las enseñanzas del pueblo Q’om, se basan en el amor a la Madre Tierra (karate é), que según su cosmovisión junto al Padre Sol (Nalá) lo dan todo y para todos por igual. Son un pueblo fuertemente creyente y con un gran contacto con su Dios. Tras la conquista de América, con todo lo que ella implicó para las comunidades originarias del continente, se fue incorporando la Biblia como guía de sus oraciones para el contacto con lo sagrado. Sin embargo, sus iglesias no tienen figura alguna, ni cruces, ni santos. Son simples templos evangélicos donde la fe se expresa a través de la música y la palabra.

Desde tiempos inmemoriales los q’om, fabrican bebidas fermentadas a partir de la chaucha de algarroba, el maíz, la miel de abejas y algunas frutas silvestres que el monte provee. Algunos de los instrumentos musicales con los que sonorizan sus danzas son el nas’jire (flauta pequeña), los katari (pimpines) Capog cotagi (tambor de tronco tallado en una sola pieza), Qoyoc (silbatos hechos de caña y madera que asemejan la forma y el sonido de los pájaros), el raspador (elaborado a base de hueso de animales) y el N’bike (violín de calabaza o lata con una sola cuerda de crin animal).

La Comunidad Q’om, expresa maestría en la confección de sus artesanías cerámicas, cestería y textil. Son ampliamente conocidas en la actualidad sus bolsas (yicas) elaboradas a base de fibras de Chagua o (qallete).

Los mitos y las creencias de éste antiguo pueblo están fuertemente expresadas en sus leyendas sobre las que basaron su transferencia generacional. Ello representa firmemente su cosmovisión. El sistema religioso se alimentaba antiguamente de estas elaboraciones y las colocaba en una región conceptual sagrada que generaba poderes divinos más desarrollados.

Nalá es el Sol que todo lo domina. Koktá, la caña que gobierna la tierra y en especial el monte nutriente de su cultura. Nowet, La reina sobre el conjunto de los animales.

El cuidado de la palabra es un valor difundido como virtud en el seno de ésta comunidad. Desde la antigüedad y hasta hoy comunicar lo necesario o permanecer en silencio fueron y son comportamientos muy apreciados. A la hora de los discursos, son los ancianos y los caciques ò qarashès (con acuerdo de los primeros) quienes se transforman en portadores de la sabiduría, por lo tanto son quienes pueden sugerir que hacer y decirlo públicamente. Ya desde aquel tiempo, no hay buena impresión de quienes hablan en demasía.

Un lugar muy importante ocupan en la comunidad los pi’oxonaq, que son aquellos que tienen conferido el don de curar en la comunidad. Son considerados hombres ò mujeres de gran sabidurìa. En muchos casos la oykiagay, que significa la energía transmitida por los cielos era la encargada de dotar de fuerza espiritual y sanadora al elegido. El poder sanador de un pi’oxonaq es transmitido desde aquellos tiempos a un hijo o nieto considerado el más cercano. El pi’oxonaq, cura por succión u oración. En la actualidad, es valorada su función no sólo por los miembros de la comunidad toba, sino por médicos de distintas disciplinas alternativas y alopáticas. Una creencia ancestral es que cuando un pi’oxonaq viejo fallece, su heredero adquiere mayor poder de curación.

Me dijo una vez una mujer pi’oxonaq de la zona de Villa Río Bermejito, al límite con la con provincia de Formosa, “Ilotaique nachaalataxac” ante mi inquietud de saber como llega la gente a ella y al pedirle una traducción de dicha expresión, me dijo, “se sienten mal y vienen buscando la vida”.

Monte adentro por los difíciles caminos de su actualidad.

Los Tobas o Q’om constituyen una etnia numerosa. A pesar de las publicitadas “inclusiones “ de los Pueblos Originarios en el último Censo Nacional, no existen cifras oficiales serias y confiables sobre el número de miembros de dicha comunidad, como no existen de otras comunidades. Según diversas fuentes dicho número podría estar entre 35.000 y 76.000. Está claro que esta falta de información tiene muchas causales, algunas metodológicas y otras de interés social y humano. En todos los casos parece haber una compleja articulación que combina desidia, negligencia y desinterés social, todas calificaciones que llevan a un velado exterminio. Cuando uno no sabe cuanta gente existe no pude prever su educación, su ocupación ni los horizontes de su atención sanitaria, así como no puede articular los mecanismos necesarios que contemplen los derechos más fundamentales para sus niños y ancianos. Tal vez allí radique la primera cuestión que se debería atender a la hora de instrumentar políticas de integración multicultural (si esa fuera la decisión verdadera), para mejorar la calidad de vida de ésta y de otras culturas originarias.

Tradicionalmente y hasta las primeras décadas del 1800 sus prácticas económicas se basaban en la recolección, la caza, la pesca y la agricultura incipiente. Luego de las primeras matanzas y su posterior colonización en la región durante los siglos XIX y los inicios del siglo XX con la explotación laboral-racial (esclavitud con guiños oficiales) ejercida en los ingenios, en los tabacales, en las minas y en la forestal, los originarios se vieron obligados a llevar un modo de vida cada vez más sedentario y dependiente del poder central manejado por el conquistador.

Forzados por el creciente deterioro ambiental, la problemática territorial a la que fueron sometidos por la ambición terrateniente, los desplazamientos colectivos y los profundos cambios en el estilo de vida, durante este último siglo muchas comunidades tobas, al igual que otros indígenas del Gran Chaco, modificaron su modo de vivir en dirección a la sedentarización y la migración hacia centros urbanos, transformando así toda su vida familiar y social, muchas de sus costumbres alimenticias y curativas y siendo objeto de una profunda discriminación y permanente descalificación que los coloca en un proceso delicado de desculturización.

Entre otros atropellos que la comunidad sufre se encuentra el impedimento de poder colocar a sus hijos nombres en su lengua aborigen, siendo obligados a llevar nombres occidentales de orígenes español, portugués, italianos o anglosajones.

Por estos días y desde hace décadas el pueblo q’om esta acechado por diversas plagas que lo amenazan diariamente poniéndolo al borde de la tragedia. Sin dudas la más importante de dichas plagas es esa famosa entre ellos “enfermedad del pulmón”, que se contagiaron del blanco y que es claramente una enfermedad de la pobreza y la indigencia, la Tuberculosis. También el Mal de Chagas-Massa, los problemas de hígado y riñón profundos por el cambio en su alimentación original son motivos de gran preocupación sanitaria. Para la Comunidad Toba la mal llamada “civilización” fue un gran problema que la deposita en nuestros días como una etnia diezmada. Al hablar con ellos uno no se cansa de escuchar de sus bocas que ellos eran fuertes y sanos, información que nos fue corroborada por muchos trabajadores de la salud que trabajaron con ellos en los primeros tiempos de esta nueva forma de vida.

No es menor el problema que les genera ser de otra raza, tener otra coloración de piel y tener otra lengua en la ciudad. Eso se suele traducir en la falta de empleos para ellos, formas de esclavitud moderna y dependencia política.

Actualmente muchas familias tobas se instalaron en busca de trabajo en las afueras de las ciudades de Presidencia Roque Saenz Peña y Resistencia en la provincia de Chaco; Rosario, Reconquista y Rafaela en la provincia de Santa Fé; La Plata y Derqui en Provincia de Buenos Aires, y por los barrios periféricos de la ciudad de Formosa y Salta. En casi todos los casos padecen la mendicidad y el negocio político que los hace presa fácil para una depredación ciudadana.

Aún en estas inaceptables condiciones, la Comunidad Q’om tiene mucho para aportar en el proceso de humanización creciente hacia el cual el mundo deberá ir irremediablemente.

Gracias a los aportes de muchos investigadores, pastores evangélicos algunos de ellos como el caso del hermano menonita Albert Bucwalter e Hilario Wynarczyk y, el historiador qom, Orlando Sànchez y sobre todo a la capacidad de pensar el futuro que han tenido algunos de sus últimos caciques, tal el caso del abuelo D’xoi (Augusto Soria) de Miraflores, Nichicyi (Juan Zorrilla) de Colonia Chelomé, Qa’aiguishic (La Rosa Marín) de Asunción del Paraguay, Juanelrai, Cambà, Meguesoxochi (zonas de influencia del Teuco Bermejito), Nocaayí (Silvio Rojas) de J. J Castelli, de Marco Maidana de Villa Río Bermejito y del recientemente fallecido Alberto Gómez del Colchón, gracias a todos ellos y a los que vendrán, podremos seguir escribiendo esta historia necesaria y consecuente de nuestro tiempo. En la actualidad referentes claros como Fèlix Dìaz están aportando gran comprensión para conseguir la restitución de todos los derechos arrebatados al Pueblo Q’om.

Habiendo atravesado diversas insurrecciones a lo largo de los últimos siglos, están latentes en todos los pueblos del Gran Chaco las matanzas realizadas por el Estado Argentino, en 1905 sobre la población Mocovì, en 1924 sobre la población Q’om en Napalpí, 1931 sobre comunidades Wichìs y Q’om en Zapallar, 1933 sobre la población Q’om de Pampa del Indio y 1947 sobre los hermanos Pilagás en Rincón Bomba.

Sin embargo el Estado Nacional y los estados provinciales no han hecho autocrítica alguna por estas matanzas y peor aún parece que no han terminado su tarea de acorralar, despojar y exterminar a los pueblos de la región.

Basta ver a que condiciones de vida son sometidas las comunidades Q’om a manos del poder centralizado, para comprender que la conquista no terminó y el genocidio étnico se expresa diariamente en plena ejecución.

2 comentarios:

Gran nota del señor Elias. La claridad, la información y la denuncia en su justo equilibrio. Sigan así Agenda oculta, un medio necesario

María Marta

En estas notas puedo encontrar la pasión personalizada que me permite pensar y sentir que el cambio es posible.
Gracias por publicarlas.
Soy de Mar del Plata y a veces estos temas nos quedan algo lejos para poder comprender la situación de los otros.

Patricia

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